LA AGRESIÓN IMPULSIVA NO ES PREMEDITADA, TRAS EL BROTE DE IRA PARECE UN SENTIMIENTO DE CULPA POR NO HABER SIDO CAPAZ DE CONTROLAR ESOS IMPULSOS.
El detonante puede ser tanto algo real como imaginario, es decir, tanto una mala palabra o mirada como que la persona crea que le critican o se ríen de ella.
Algunos pacientes refieren experimentar cambios afectivos justo ante del estallido de ira.
Es más frecuente en hombres que en mujeres y suele debutar en la adolescencia. La conducta impulsiva y especialmente la predisposición a la violencia se ha correlacionado con bajo índice de niveles cerebrales de serotonina.
Con el tratamiento farmacológico se busca equilibrar los niveles de serotonina, a través de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) consiguiendo mejorar la sintomatología psicopatológica.
Los estabilizadores de ánimo como gabapentina y la carbamazepina ayudan a controlar la aparición de los accesos de ira.
Los ansiolíticos favorecen la reducción de los ataques de ira mediante el incremento de la tolerancia a los estímulos que los provocan.
Dentro del tratamiento no farmacológico hay que destacar la terapia cognitiva-conductual, las técnicas de relajación y el entrenamiento en habilidades sociales.
La terapia puede ayudar al paciente a reconocer los impulsos para facilitar la adquisición de un mayor nivel de conciencia y control de los accesos de ira, así como a tratar el estrés emocional que acompaña estos episodios.

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